El Paseo de Río, solo un recuerdo

Si alguien mayor dice: “Cuando yo era niño íbamos al río…” ahí mismo todo el mundo brinca para decir: Uuuuuu, eso fue entonces en la edad de piedra! Y ahí la conversación se desbarata con las burlas al asunto de los años. Claro ríanse! Pero esas anécdotas dan testimonio de un cambio en nuestras costumbres porque ahora lo que se impone es ir en carro al gran centro comercial a comprar chuchearías, a quejarnos de que todo cuesta más y a echarnos historias de gentes que sufren de problemas cardiovasculares.

Por lo general, para explicar ese cambio de hábitos, suelen plantearse dos argumentos, uno es el del cuento de la inseguridad y el otro hace referencia a la mala calidad de las aguas de los ríos. Son respuestas que mezclan hechos reales, una dosis de apatía, con una suma de pretextos. Es verdad que tenemos un grave problema medioambiental porque cada pequeño pueblo se ha encargado de contaminar sus fuentes de agua y a miles de ciudadanos no les importa dejar por todos lados sus bolsas plásticas y sus platos “desechables” y sus góticas de aceite carburante. El panorama en Pance y en otros lugares, es cada día más triste, tanto que un amigo angustiado me contaba que había mandado cartas, a las entidades del Estado para quejarse por lo que está pasando en los corregimientos de Pichindé, vereda Peñas Blancas y en los Andes, vereda Los Kárpatos. Él me decía que allá desde hace tiempo se viene dando una tala indiscriminada de árboles y una usurpación de de zonas, que antes los turistas o los lugareños solían disfrutar a las orillas del río. Toda esa historia me la contaba como si yo pudiera hacer algo, pero lo único que logré fue aumentarle su pena porque le dije que exactamente lo mismo sucede en Villacarmelo, con la diferencia de que en esa parte de los Farallones me he encontrado con el espectáculo más absurdo: se ha construído un “sendero ecológico”, destruyendo la vegetación, para que los caminantes puedan apreciar la naturaleza. Menos mal que no le conté que por los costados del río un vecino le metió buldózer al monte para construir su propia carretera. Son las cosas que permite el dinero. Esperar que los funcionarios de este Estado guerrerísta se ocupe de los asuntos ambiéntales en forma seria es la tontería más grande. ¡Si no le ha prestado atención a la Corte que ha mandado atender a los miles de desplazados, mucho menos va a fijarse en las quejas de Perico Perez!. No obstante a mi amigo no quiero desilusionarlo más, como tampoco a los amantes de la naturaleza, solo espero que entiendan que las condiciones son adversas y la lucha contra la ignorancia, va a tomar mucho tiempo porque estos no son tiempos para pensar en valores sociales o humanos. Mientras reine el neoliberalismo lo que se impone es la ignorancia generalizada y la apatía.

* D.E.A en Humanidades. Universidad Carlos III – Madrid (España)


Por: CÉSAR ARTURO CASTILLO P.*



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