El Grito de
Guayasamín

 

 

Muy pocos artistas llegaron a expresar a la vez la identidad de su tierra y la profundidad de lo universal. Oswaldo Guayasamín (1919-1999) es sin duda uno de los pintores más importantes del siglo XX, tanto a nivel latinoamericano como a nivel mundial. Su obra es un grito en contra de la injusticia y la guerra: “He pintado como si gritara desesperadamente, y mi grito se ha sumado a todos los gritos que expresan la humillación, la angustia del tiempo que nos ha tocado vivir.” Oswaldo Guayasamín nació en Quito en 1919 de padre indio y madre mestiza. A pesar de una infancia difícil y miserable, se refugia temprano en la pintura para expresar su inconformismo hacia las injusticias sociales. Una experiencia dolorosa causó su ruptura con Dios y con la sociedad: la muerte de su mejor amigo en 1932 durante la Guerra de los Cuatro Días. Él nunca pudo entender cómo un Dios que debe ser la expresión de la bondad puede permitir la muerte de un niño. Desde entonces concibió su obra como una denuncia frente al crimen y a la guerra: “Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el hombre hace en contra del hombre.” Este mismo año de 1932, ingresó en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal. Tras un viaje de un año por toda América Latina, en 1943, presenta su primera serie Huacayñán, que significa ‘camino del llanto’ en quechua. Esa serie compuesta por un mural y 103 cuadros, pintada entre 1946 y 1952, es una visión de las etnias que componen el mestizaje americano: los indios y los negros con su cultura y sus tradiciones. Hacia 1961, inició su segunda serie, La edad de la ira, compuesta por 150 cuadros de gran formato. Esta serie se presenta como un testimonio de la crueldad y las injusticias que ha padecido el ser humano durante la primera mitad del siglo XX. Su tercera serie que pintó desde 1988 hasta 1999 se titula La edad de la ternura. Está compuesta por más de cien obras. Es un homenaje de amor a su madre, a las madres y a la infancia, como símbolo de defensa de la vida. Aparte de estas tres series, Guayasamín ha retratado a algunos intelectuales y estadistas del mundo progresista como Fidel y Raúl Castro, François y Danielle Mitterrand, Pablo Neruda, Atahualpa Yupanqui, Gabriel García Márquez, Rigoberta Menchú, entre otros. Aunque sus primeras obras se encuadran dentro del indigenismo, el resto de su producción es señalada como expresionista. La influencia indígena no deja de ser evidente en todos sus cuadros, pero se nota también una de los rostros. Su pintura refleja muy bien la historia mestizada de este continente y el mismo la concibe asi: “Vengo pintando desde hace tres o cinco mil años, más o menos…” En 1989, Guayasamín presentó a la UNESCO su último y mayor proyecto artístico: “la Capilla del Hombre”. Es un espacio cultural arquitectónico de gran dimensión que se encuentra en la ciudad de Quito. Trabajó en este proyecto hasta su fallecimiento en 1999. La Capilla del Hombre fue inaugurada en noviembre del 2002. En esta capilla se plasman el canto, el dolor, el llanto, la ira, la ternura, la protesta, los sueños y la lucha del hombre latinoamericano al que Guayasamín dedica esta obra. Es una respuesta a la necesidad de rendir culto al ser humano, a sus pueblos, a su identidad. Este proyecto y, de manera general, toda la obra del artista, se pueden entender a partir de la frase de Simon Bolivar: “Hay que ser hombre de su tiempo para ser hombre de todos los tiempos”. El 9 de agosto se inaugura la exposición de reproducciones de obras de este Maestro. Ver detalles en “Exposiciones”.

* Maestría en Historia Contemporánea - Universidad de Nanterre (Francia) y Profesor Titular de Literatura e Historia del Liceo Francés Paul Valéry (Cali).


 

Por: JEAN-FRANÇOIS BENHAMOU

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